Cuando llegué a esta gran ciudad, Buenos Aires, no dejaba de observar una y otra vez, como la gente se dormía en los colectivos ,que la recorrían a lo largo y ancho durante todo el día y gran parte de la noche.-
No entendía como estos seres humanos podían pasar gran parte de la vida dormidos o semi dormidos, derrumbados dentro de los mismos.-
Los veía grises como olvidados de su existencia.-Llegaban corriendo a las grandes bocas de las no menos enormes estaciones de ferrocarriles y en horarios pico, parecían hormnigas gigantes que corrían, se pisaban, subían con la misma velocidad a los colectivos urbanos o interurbanos o bien a los subtes.-Al final, desprolijos, intentando acomodar su cabellos en algún ascensor, aterrizaban a sus puestos de trabajo.-
Ayer viajé a la provincia y volv í a ver y sentir la misma sensación.-
Viajar como aganados, porque (según el chofer) todos quieren viajar, anque no haya ni un lugarcito para respirar.-Aunque la puerta se aplaste contra algunos de nosotros que osamos viajar en tán inseguro, sucio, incómodo medio de transporte.-
Donde los olores se mezclan hasta dar repugnancia.-Uno se pegotea en esos barrotes de sosten y hace que se pregunte y me pregunte.-
¿Por qué tan poco control? ¿Por qué no hay inspectores ,que así como controlan si hemos pagado nuestro boleto, vean también esa irregularidad y vulgaridad de los transporte públicos?.-
Allí cada día, la vida también se encarga de humillarnos, de hacernos sentir "la vulgaridad de la existencia".-
Luego de muchas horas de trabajo, de sacrificios quizá para que el salario alcance, nos depositamos en el transporte que nos maltrata un poco más cada día.-
Algunos como yo, vamos con toda ilusión a visitar a un ser querido y a ese estado por el futuro encuentro, lo en sombrece la realidad, la cruel y aplastante realidad de cómo estamos desprotegidos, poco respetados por las autoridades competentes y por las empresas de transporte, que sólo se preocupan por la recaudación, no por el servicio que deben prestar.-
También al hacer ese corto viaje, ingresamos a los barrios descuidados, poco embellecidos, con la basura por doquier y como si eso fuera poco, la gente que no tiene donde vivir, haciendo en cada calle, en el primer hueco que deje algún portal, "su vivienda", que como el caracol lleva a cuestas.-
Hay que poner en ejercicio toda la imaginación, la buena voluntad, apelar a los recuerdos más bellos, para llegar a destino sin que lo más importante "el encuentro", se vea dañado.-
Igual valió la pena haber transitado ese estadío y concurrido a la cita.-
domingo, 31 de agosto de 2008
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1 comentario:
Muy buena la descripcion del transporte y de las sensaciones que hiciste
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