En cualquier tiempo que sea de nuestras vidas, es primordial sentir la fuerte presencia de los afectos.-
Es el pilar mas grande en que podemos apoyarnos cuando por diversos motivos nuestras fuerzas fìsicas y espirituales, parecieran desaparecer.-
Ante la pérdida de un ser querido, como la madre única e irremplazable, solo ese mimo que nos llega por distintos caminos nos hace fuertes y capaces de resistir.-
Cuando hemos pasado ya por esa ausencia, podemos ponernos en los zapatos del otro.-Sentir cada pisada.-Hay piedritas que sin querer van metiéndose en ellos, como para entorpecer algo más nuestro camino.-
Ante la gran ausencia, volvemos a meternos hacia adentro con la profunda necesidad de volver a ser niños para escuchar las canciones que nos cantaban.-
Volver a compartir esas palabras únicas, sean de felicitaciones o reproches, pero dichas por ella seguirán sonando a gloria.-
Alguna vez volveremos a sentir su perfume, llegaremos al guardarropas y sin querer recorreremos cada una de las prendas, como si fueran el tesoro más grande.-La buscaremos allí, en esos detalles que alomejor antes nos pasaban inadvertidos y cada día se harán más necesarios e insustituíbles.-
Si le dijimos cuánto la queríamos, al recordarlo una sonrisa asomará a nuestro rostro.-Será de profunda complicidad con ese recuerdo, con el ayer que a medida que se aleja, inexplicablemente parecerá más cercarno.-
Nunca olvidaremos, siempre será presente.- La ausencia, pasado el duelo se convertirá en la más dulce compañía.-Allí descubriremos, que lo vivido se ha quedado con nosotros dentro y que nadie podrá borrarlo jamás.-
A vos, amiga.-
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