Cuando veía en imágenes los actos (casi vandálicos en la estación de Merlo) pasaron por mi mente "aquéllos" trenes en la vida de muchos habitantes de este país.-
El tren de mi infiancia, de tu infancia.-Ese tren que nos permitía asomarnos a la vida de los pueblos.-Es que cada día nos tría la ilusión de ir a la estación del ferrocarril y esperar que llegara, con cada desconocido que descendía, el príncipe azul.-
Allí nos reuníamos todas las amigas cada atardecer, en uno de mis pueblos Berabevú , pasaba a esa hora.- En invierno con todas las luces encendidas, porque el atardecer se convertía en noche jóven.-
Y así ese largo y cansino tren, recorría uno a uno los pueblos en los dintintos ramales.-
De norte a sur, de este a oeste.-
Llevaba el progreso, la comunicación y a pesar de que sus locomotoras no eran modernas, rara vez llegaba tarde.-
Todos viajábamos con cierto confort, camarotes, coche cama, clase pullman, clase turista.-
El comedor de los trenes tenía un encanto particular, era especial sentarse a sus mesas y esperar que el mozo, con implecable uniforme negro y guantes blancos, nos sirviera el desayuno o bien el almuerzo o la cena.-
El ruido de esas ruedas adheridas a las vías también sonaban a música, la necesaria para acunar sueños y entretejer esperanzas si nos íbamos a las grandes ciudades.-
Uno de ellos me llevó a Rosario, fue un 8 de septiembre "día de la Vírgen de los Agricultores".-
Viajaba ancionsa y temerosa también.-Recuerdo que le pedí a la Virgencita que estaba en una gruta pequeña a la orilla de la vía, que me permitiera alcanzar los sueños, que no dejara que vuel a sobre mis pasos fracasada.-
Pasaron los años y otro tren, más sofisticado y moderno, en un coche pullman y asientos recubiertos con impecables fundas blancas me trajo, en sólo cuatro horas a Buenos Aires.-
Siempre el tren en mi vida,como enlazando el ayer con el hoy.-
Llevando sin riesgo de vida a tántos y tántos habitantes de este país.-No pensábamos en ningún tipo de accidente que pudiese dejarnos al costado de la ruta dormidos para siempre como ocurre hoy.-
Es por eso que duele ver lo destruídos que estan hoy.- Quemados, saqueados, emprendiendo toda nuestra bronca, fracaso y furia contra ellos, porque no nos escuchan los que tienen que hacerlo.-
Porque debieran volver a unir nuevamente a esos pueblos que se quedaron perdidos, casi como fantasmas a la orillas de las vías muertas.-
Necesitamos que vuelvan a unirnos y no a dividirnos, a brillar por lo exitosos y no por las llamas que consumen los vagones.-
Que no mueran cada día cuando vamos a abordarlos, nuestras ilusiones, nuestra dignidad.-
Quiero pensar ¿Cuando Eva Duarte hizo su primer viaje hacia Buenos Aires, habrá soñado también que un día sería la Primera Dama de este país y que el cariño de la gente la convertiría en Evita para siempre? Seguro que no pensó en la realidad de hoy.-
¿Tendrá más que ver con la película de Pino Solanas, La Próxima Estación?
Reflexionemos, no nos dejemos llevar por las bajas pasasiones, que en situaciones de crisis, suelen aflorar.-
viernes, 5 de septiembre de 2008
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