Habitualmente nos miramos el ombligo, sólo hacia adentro, porque no podemos comunicarnos con los otros.-No tenemos posiblidades por nuestros trabajos.-No nos alcanza el tiempo para compartir y departir en fin, múltiples razones acuden a nosotros para decir, así estamos bien.-
El nuevo método de hoy "no cuentes mucho, no sabés quien es el que te escucha, si tiene mala onda o nó".-¿Por qué andar por la vida contando lo que te pasa, a quien le importa, te han solucionado algún problema, pudiste construir algo después de la charla?.-
Fijate que sí, que es bueno comunicarse con los otros.-Es un poco como la gran sala del analista o mejor aún, la terapia grupal más sana y constructiva que uno pueda imaginar.-
Estando en una sala de espera ayer, me comuniqué con quien era la vecina de asiento.-Una señora agradable, menudita y llena de vida que con ojos vivaces me iba comunicando sus alegrías y penas.-
Cuando abrimos nuestro interior y somos capaces de recepcionar con amor y transformar ese encuentro casual, en una charla amena y constructiva, aprendemos muchímo y nos damos cuenta que los demás, no siempre viven más felices (a veces creemos eso cuando parece que todo se derrumba a nuestro alrededor).-
Ayer pude decir una vez más, gracias, gracias Dios, porque hacés que me de cuenta que tengo y he tenido una vida maravillosa, que no me ha pasado ni la mitad de los horrores que "a otros".-
Me digo, qué buena vida llevo, cuánto tengo, que lindo y sano es lo que me rodea.-
Es maravilloso saber que podemos tener buenas palabras y buenos gestos, para aquél que lo necesita.-
Y si podemos dar, es porque estamos llenos de bendiciones, de paz interior, de sabiduría que aprendimos por transitar con plena conciencia esta vida que tenemos.-
Por eso quiero decir una vez más, gracias, gracias a la vida.-
martes, 2 de septiembre de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentario:
Que cierto es lo que decís Ale, porque la mayoría de nosotros, siempre tiene motivos para agradecer a la vida, aún cuando hayamos sufrido.Porque...¿quien no ha tenido desventuras o momentos de crisis?, creo que nadie, y si alguno hay, ese no ha tenido la oportunidad de fortalecerse y crecer como ser humano.Es lógico que en el momento se pregunte, ¿porqué Dios mío?, pero luego con el tiempo y si se está atento a lo que pasa en nuestro interior, nos damos cuenta de que todo tiene un porqué, de que Dios no nos manda nada por simple gusto de perjudicarnos, solo....hace falta saber leer entre líneas, saber descubrir la enseñanza que nos ha dejado esa circunstancia desdichada. Por eso, y aunque hayamos sufrido en algún momento, siempre podemos decir.... ¡¡GRACIAS A LA VIDA!!
Un beso grande:
Pato L
Publicar un comentario