Cuando menos esperamos alegrías profundas, éstas aparecen, llegan de cualquier manera y a travéz de distintos medios.-
En el silencio de la noche estaba a solas con mis pensamientos y sentires, cuando el sonido del teléfono me sacó de esa especie de "meditación obligada".-
La voz querida que venía de Rosario, mi hijo del corazón, del alma, de esos que uno no busca pero llegan por suerte a poblar nuestra vida, me decía con alegría: "Que divina tía la ovejita que le trajiste a Agustina", está durmiendo abrazada a ella.-
Entonces el recuerdo rápido acude a uno.-
Elegir en Ushuaia un regalito para la más mimada y pequeña de la familia, esa sobrina nieta que tánto amamos, no fue tarea fácil.- Al final una ovejita, con toda su lana brillosa y ojitos casi naturales apareció para hacer efectivo el recuerdo permanente a esa mocosita que nos alegra la vida.-
Imaginarla abrazada con su inocencia dulce y llena de rulitos, me acaricia con una rara sensación el corazón.-Además digo "qué fantasías pasaran por su cabecita y sus poquitos años".-
Bella, con ojos negros que parecen uvas, que al mirar te dan la más profunda sensación de misterio.-
Con piel de nácar, boca de muñeca y palabras cortadas.- Toda ternura, mimosa y amorosa es nuestra pequeña Agustina.-
Un llamado, una voz y la imaginación de esa niña luz, me cambió la noche.-
lunes, 27 de octubre de 2008
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