Sentada frente a la computadora para comunicarme nuevamente con ustedes.-
Anduve recorriendo un poquito mi país, este bello y amplio territorio, que siempre nos asombra con las bellezas naturales que ofrece.-
Nunca me había asomado a la parte más austral, pude hacerlo y realmente son pocas las palabras que encuentro para decir cuánto, cuánto me dio la tierra.-
Sensaciones únicas que sólo se viven, no se explican.-
Tomé apuntes, mientras mis ojos se desorbitaban ante un mar casi esmeralda, frente a las ballenas, que siempre están cerca de sus crías, los bayenatos (igualmente gigantes).-
Las salinas de Las Grutas; Punta Tombo y sus pinguinos.-
Lo más impresionante, lo que no se puede explicar es esa mole de hielo que es tan grande como toda la provincia de Buenos Aires y da la sensación de que el cielo está en la tierra.-
Que es una gran puesta de la naturaleza, iluminado con grandes fluorecentes escondidos que reflejan azules.-
Con un "no menos gigante equipo de sonido" que nos reproduce el movimiento interno de ese glaciar gigante llamado Perito Moreno.- Sus dos caras, la norte y la sur y esos picos enormes y luminosos mirando el cielo.-
El Trencito del Fin del Mundo, que nos lleva a la infancia, avanzando suavemente en medio de montes de lengas y montañas.-
El Canal de Beagle que tánto estudiamos y vimos en los mapas, tan allí con toda su hermosura, navegable, permitiéndonos ver el Faro del Fin del Mundo (no el de Julio Verne) sino el que el hijo del genio permitiera que así se llamara y estuviera mucho más cerca del continente, que el verdadero ideado e imaginado por su padre.-
Nada más bello que viajar, abrir nuestro corazón y mente a lo que nos da, en cada rinconcito del mundo, la madre tierra.-
Nuevamente digo, gracias a la vida, gracias Dios mío por permitírmela.-
domingo, 26 de octubre de 2008
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