Alejandra Limas Forner

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Capital Federal, Buenos Aires, Argentina
Amo lo que hago y es desde hace años mi profesión.- Vivo en la Capital de los argentinos, aunque soy cordobesa y he transcurrido también muchos años en el interior de mi querido país.- Siempre vuelvo a mis lugares,a mis raíces (lo necesito).- Es un hábito reconocer los aromas de cada espacio que fui ocupando en mi vida.- Anduve muchos escenarios, conocí grandes personajes, trabajé con muchos profesionales de gran valía y reconocimiento.- Mi profesión me abrío las puertas de la vida.- A travéz de un micrófono y la palabra, pude ingresar a tántos e impensados lugares,conocer y comunicarme con oyentes maravillosos.- Expresar lo que mi espíritu sentía y lo que es mejor, transmitirlo.- Siento que la vida me hace felíz y me ha dado mucho.- Que el haber elegido esta maravillosa profesión de locutora y comunicadora, es el hallazgo más acertado de mis días.- Tengo tánto por contar, por decir, que intento a travéz de este sitio poder concretarlo.- Como dice el Gran Neruda, "amo las palabras".-Las necesito, las fagocito, me hago de ellas para dejarlas libres después y que así lleguen hasta donde la imaginación se acaba.-

lunes, 3 de noviembre de 2008

Tiempo de recuerdo

Cuando somos jóvenes, la vida es ágil, nada pesa, todo es igual y sinó hay tiempo para reparar, para emparchar, cambiar, aprender, modificar.-
Sólo pensamos como nos encontraremos con los amigos, adónde llevaremos nuestros gustos.-
La sonrisa está siempre presente, juega en nuestros labios permanentemente y la sabia que nos recorre aligera nuestros sentires.-
Vivir casi en estado de "no preocupación" , nos pone brillitos en la mirada.-
Recuerdo aquéllos días que viví, en unos de mis pueblos Berabevú.-
Solíamos encontrarnos al atardecer (en verano) para ir a la plaza, charlar de todo y de nada.-
Esperar el tren que casi todos los días con exactitud horaria pasaba a las 19.- En el andén de la estación, el murmullo aumentaba, nuestras risas se oían estridentes (hoy sonarían a mal gusto).-
¿Quién podía ponernos cascabeles?.- Como dice el dicho "Quién le pone cascabel al gato".-
Los fines de semana era un rito encontrarnos en distintas casas "no había demasiado para hacer en el lugar".- Nuestra fuerza interior nos desbordaba, cantábamos mientras la recordada y querida María Marta, tocaba el piano.-
El domingo la cita era con el fútbol del pueblo (cuando era temporada).- Éramos hinchas del Club 9 de Julio.-
Me atrevo a decir (en este momento de recuerdo) que allí jugaban los más lindos del pueblo.-
En la cancha era el encuentro, cada una iba a ver al chico que le gustaría tener como novio.-
Las historias se cruzaban de un lado a otro.- Los codazos inocentes y divertidos se sucedían.-
El atardecer también era maravilloso, aterrizábamos (porque eso era y "no llegar") a la Sede del Club.-
Pasaban las bebidas gaseosas, los famosos "Carlitos" como se les llama en la provincia de Santa Fe (acá tostados).- Otras submarinos con tortas (nunca faltaban).-
Mientras iban llegando "ellos", los integrantes del equipo de fútbol del Club.-
Algunos con raspones, con renguera y nosotras que nos hubiésemos derretido por hacérles las primeras curaciones.- Qué bueno, ahora mismo me sonrío.-
Pasan ante mi, cada uno de aquéllos recuerdos inolvidables.- Las caras jóvenes y despreocupadas de nuestro grupo de amigas.- Los parroquianos del lugar.- Concíamos de memoria los rituales de los fines de semana.-
Los que tenían parejas, también más hacia la noche llegaban a tomar el vermouth y allí charlaban hasta la hora de la cena.-
Así de mansos transcurrían los días del lugar.-
La vida de cada uno de nosotros nos ha llevado lejos de allí.- Muy pocos son los que se quedaron, se casaron y formaron una familia que continúan con aquéllas tradiciones (en lo posible).- Porque como dije en días anteriores, pareciera que ya no queda un "lugar especial donde ir a vivir, donde la vida se parezca un poco más a lo que fue ayer".- Por lo tranquila, segura, sin peligros que nos acosen diariamente.- Donde se pueda volver a dejar, el auto con la llave puesta, la bicicleta en la vereda, las puertas abiertas y mate en mano charlar con el vecino sin otra preocupación, que la buena vida que todo ser humano se merece.-
¡Soñemos que alguna vez volverá a ser! Que el amor reinara en lo profundo de nosotros y la maldad, el desamor, la no solidaridad y la agresividad, se irán a vivir a otro planeta.-

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