Resulta casi imposible no acercarse a escribir hoy, para homenajear a esta jóven democracia.
Creo que todos recordamos aquél lejano día cuando el Doctor Raúl Ricardo Alfonsín, Presidente número treinta y tres y el primero luego de una larga y durísima Dictadura Militar, se hacía cargo del país.
Estábamos todos muy emocionados. Recuerdo que trabajaba a esa hora y tenía mi tiempo de descanso como locutora (además estábamos en Cadena Nacional) y corrí las quince cuadras que me separaban de la calle Rivadavia, para verlo pasar en el coche sin techo, junto a su esposa luego de haber jurado en el Congreso Nacional.
Saludaba con su mano, mirando a ambos lados de esa calle que hasta llegar a la Casa Rosada, transformada ya en Av. de Mayo, era casi intransitable.-
La emoción es casi intransferible, no se puede explicar. Sólo podrán enterla aquéllos que vivieron años de dictaduras, como lo hicimos nosotros.
Era el triunfo de todos, de cada uno de los argentinos más allá de las banderías políticas.
Podíamos comenzar a soñar nuevamente con un destino generoso para este país, que tánto sufrió y que pagó con la vida de sus hijos esos días negros.
Era creer que todo era posible tal como lo decía el Presidente en cada uno de sus discursos.
Una de las frases que más no ha quedado es "Con la democracia se come, se cura, se educa".
Tenía apenas 56 años y era la nueva promesa para los que queríamos poder seguir votando, durante muchos años más. Sé que hubo imperfecciones en su gobierno, pero tuvo la valentía de llevar a juazgamiento a la Junta Militar. Pudimos y pude presenciar uno de los días y escuchar aquéllos relatos desgarradores de sobrevivientes, o de familiares de desaparecidos.
Fue comenzar a andar el camino, reitero con tropiezos, pero empezábamos a caminar sin "Estado de Sitio" permanente.
Somos un país jóven, la democracia lo es más aún, sólo esperamos que esas palabras que reiteraba el Doctor Alfonsín, se cumplan en este país. Que la democracia sirva para comer, educar y curar. Todavía no se cumplen esas premisas y a veces parecen muy lejanas.
Tenemos grandes deudas internas que no hemos saneado y que debemos de una vez por todas, cancelarlas.
Si cada chico que nace tiene educación, alimentación y sanidad, nuestro futuro es enorme y nadie podrá decir: En mi Argentina ya no puedo vivir, porque "se mata, se mueren de hambre nuestros chicos y la educación junto a la salud son dos agujeros más grandes que el de la "capa de ozono"
¡Viva La Patria! ¡Viva Argentina! ¡Viva la dignidad!
miércoles, 10 de diciembre de 2008
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