Alejandra Limas Forner

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Capital Federal, Buenos Aires, Argentina
Amo lo que hago y es desde hace años mi profesión.- Vivo en la Capital de los argentinos, aunque soy cordobesa y he transcurrido también muchos años en el interior de mi querido país.- Siempre vuelvo a mis lugares,a mis raíces (lo necesito).- Es un hábito reconocer los aromas de cada espacio que fui ocupando en mi vida.- Anduve muchos escenarios, conocí grandes personajes, trabajé con muchos profesionales de gran valía y reconocimiento.- Mi profesión me abrío las puertas de la vida.- A travéz de un micrófono y la palabra, pude ingresar a tántos e impensados lugares,conocer y comunicarme con oyentes maravillosos.- Expresar lo que mi espíritu sentía y lo que es mejor, transmitirlo.- Siento que la vida me hace felíz y me ha dado mucho.- Que el haber elegido esta maravillosa profesión de locutora y comunicadora, es el hallazgo más acertado de mis días.- Tengo tánto por contar, por decir, que intento a travéz de este sitio poder concretarlo.- Como dice el Gran Neruda, "amo las palabras".-Las necesito, las fagocito, me hago de ellas para dejarlas libres después y que así lleguen hasta donde la imaginación se acaba.-

sábado, 13 de diciembre de 2008

Deberíamos aprender

Días pasados vi por Televisión y también en la Webb, el acto más grande de amor que uno pueda imaginar.
Seguro que debe estar pensando qué "ser humano" fue capáz de ese acto tan maravilloso digno de comentario.
Lamento decepcionarlo. El hecho se produjo en una de las concurridas carreteras chilenas (similar a la Panamericana) mientras los autos circulaban a altísima velocidad y un perrito intentó cruzarla siendo atropellado. Como si fuera una película (de la nada) aparece otro "can" que sorteando con gran habilidad a los vehículos que "implacables" seguían el ritmo, se acercó al atropellado y como pudo, con gran dificultad, lo arrastró a la orilla de la ruta para salvarle la vida. Ese gesto (viendo un animalito pequeño y con tánto valor defendiendo a su especie) me hizo llorar muchísimo.

Nosotros los que nos decimos humanos, nos matamos, usamos la cabeza del otro como escalón para seguir adelante, torturamos, violamos, nos degradamos cada vez más.
Sentí inmenso dolor por lo que somos hoy. Por la indiferencia con que transitamos la vida, por el que me importa del otro. Por la frialdad con que miramos la desgracia de nuestro semejante.
Por la poca solidaridad que esgrimimos a la hora de implicarnos con el otro.
Dicen bien algunos cuando repiten el refran "cuando más conozco al hombre, más quiero a mi perro". Quizá debamos transformarnos en cuadrúpedos nuevamente, andar más cerca de la tierra y aprender, mientras la mordemos y olemos su polvo, la sensibilidad e intuición irracional (eso dicen) que ellos tienen.

Siempre se aprende de todo. Ojalá que este gesto (que alomejor para algunos fue insignificante) nos sirva para saber definitavemente que el amor llega siempre, aunque sea en pequeñas grageas.-

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