Días pasados vi por Televisión y también en la Webb, el acto más grande de amor que uno pueda imaginar.
Seguro que debe estar pensando qué "ser humano" fue capáz de ese acto tan maravilloso digno de comentario.
Lamento decepcionarlo. El hecho se produjo en una de las concurridas carreteras chilenas (similar a la Panamericana) mientras los autos circulaban a altísima velocidad y un perrito intentó cruzarla siendo atropellado. Como si fuera una película (de la nada) aparece otro "can" que sorteando con gran habilidad a los vehículos que "implacables" seguían el ritmo, se acercó al atropellado y como pudo, con gran dificultad, lo arrastró a la orilla de la ruta para salvarle la vida. Ese gesto (viendo un animalito pequeño y con tánto valor defendiendo a su especie) me hizo llorar muchísimo.
Nosotros los que nos decimos humanos, nos matamos, usamos la cabeza del otro como escalón para seguir adelante, torturamos, violamos, nos degradamos cada vez más.
Sentí inmenso dolor por lo que somos hoy. Por la indiferencia con que transitamos la vida, por el que me importa del otro. Por la frialdad con que miramos la desgracia de nuestro semejante.
Por la poca solidaridad que esgrimimos a la hora de implicarnos con el otro.
Dicen bien algunos cuando repiten el refran "cuando más conozco al hombre, más quiero a mi perro". Quizá debamos transformarnos en cuadrúpedos nuevamente, andar más cerca de la tierra y aprender, mientras la mordemos y olemos su polvo, la sensibilidad e intuición irracional (eso dicen) que ellos tienen.
Siempre se aprende de todo. Ojalá que este gesto (que alomejor para algunos fue insignificante) nos sirva para saber definitavemente que el amor llega siempre, aunque sea en pequeñas grageas.-
sábado, 13 de diciembre de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario