Que bueno regresar y poder desearles que hayan tenido un buen comienzo de año. Es tiempo todavía para poder hacerlo.
Luego de mis vacaciones volver a los lugares donde uno "ama la vida" parodiando al autor que escribió primero esas palabras.
Alejarse de tanto en tanto de lo que nos rodea, hace bien. Cotidianamente a lo largo del año solemos renegar un poco de la rutina.
Qué bueno asomarse a otros espacios, otra geografìa. Integrarnos a los afectos que también esperan.
Renovar nuestro airecito interior, las energías. Tirar el reloj para no saber que hora es y mucho menos el día que transitamos. Hace mucho bien dejarse estar, como suspendido en el tiempo teniendo como aspiración única, que el sol ilumine el día.
Disfruté cada instante, me llené de nuevos deseos, esperanzas, fuerzas. Vi amigos, visité mis pueblos, mis afectos primeros. Anduve como en la niñéz a la hora de la siesta, ese espacio de tiempo que encierra como una magia indescifrable que te atrapa y aleja a la vez.
Es la hora permitida y negada desde todos los tiempos. Lo que hagamos en ella, por lo general es inolvidable. Se asemeja al beso en noche de luna llena. Al silencio infinito de la noche en el campo.
Mas la realidad de hoy es que volví a mis cosas. Felíz por el reencuentro con los compañeros, con el "bienvenida". El abrazo prolongado que hago extensivo a vos que estás del otro lado leyendo estas líneas. Te digo gracias por ser consecuente, por esperarme, por querer saber como me fue en este tiempo.
Volveré para contarte más. Retomaré el rito de escribir lo que siento y me conmueve a cada instante. Lo que cambia por momentos el curso de nuestra vida, al menos la mía. A veces lo logra sólo una lágrima, una sonrisa, un cariño. Una mano rugosa, una flor, el ruidito del agua pasando como un hilito en medio de la montaña, una estrella, un suspiro.
miércoles, 4 de febrero de 2009
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