Mirando televisión e intentando rescatar lo que de positivo puede encontrarse por éstos días, me soprendió gratamente un "hecho protagonizado por un ex boxeador de setenta años y chicos de la calle". Más aún la capacidad de dar de algunos seres, sin esperar más que una sonrisa y la buena repuesta de los que lo tratan.
Debajo de la grande y remozada Estación de Ferrocarriles de Constitución, existe un enorme subsuelo, convertido en gimnasio de entrenamiento de boxeo, para rescatar a travéz del deporte a los jóvenes de la calle.
Los hay de todas las edades, casi niños que encuentran en ese subsuelo adaptado, la casa que no tienen y el afecto que necesitan para que la vida les sea menos dura.
Aunque la forma de darle sentido al hoy "sea a las piñas". Entrenan con ilusión sintiendo que alguna vez, se tomarán una revancha con la vida que hasta el momento les hizo conocer el lado más duro.
Practicando gimnasia, saltando la cuerda, haciendo guantes, pegándole duro a la bolsa, sueñan. Sueñan con ser profesionales y conocidos.
La historia de un joven salteño, me marcó. Llegó sólo a ésta gran ciudad y sin tener adónde ir fue uno más de los chicos de la calle que merodean la Estación de Constitución. Esa zona fue su casa a cielo abierto.
No sabía que el destino le tenía reservado algo mejor como fue encontrarse con ese grupo de aspirantes a grandes boxeadores y el entrenador, quien con sus 70 largos y muchas arrugas en la piel, tiene un alma jóven, un corazón enorme lleno de amor, para contener a esos jóvenes niños, carentes de caricias y buenas palabras.
En ese gran subsuelo vive, entrena, va a su trabajo y vuelve cada día con una esperanza, la de triunfar. Charlando con quien lo entrevistaba dijo: "Estoy esperando llegar a algún lado, sinó mi vida va a ser NADA".
Es una frase corta, chiquita, simple, pero con un contenido tán extraordinario y claro que no deja lugar a dudas que alguna vez, lo veremos siendo un "gran boxeador" en los Ring Side del país y el mundo.
Sabe lo que quiere, tiene la intuición especial de los que llegan de lejos. De los que vencieron todos los obstáculos para escapar a un destino sin nombre.
El quiere brillar, verse en las marquesinas como el gran campeón.
Siguió relatando "no crea que estoy loco, pero mientras viajo en el micro siento que me aclaman, veo mi triunfo, veo el cinto de Campeón"......................
Será un grande, porque los que sueñan fuertemente, los que ven la meta y la persiguen, jamás serán ignorados.
Cruzo los dedos por él y por los que sienten a diario que podemos vencer, aunque la adversidad se nos oponga.
¡Arriba Campeón!
viernes, 6 de febrero de 2009
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