Si siempre los seres humanos acatúaramos así, el mundo sería otro.
Si la solidaridad estuviera presente en cada momento de la vida, la realidad que vive el mundo todo, no tendría lugar de ser.
Si nuestras manos se unieran para ser una sola, tan grande como el universo, nos sentiríamos menos solos y no notaríamos la indiferencia de la gente.
Por suerte en el medio científico no es así. Ayer un avión tendió sus alas para unir Buenos Aires con Chile, y ser un "sólo corazón".
Un niño de 11 años está en peligro de muerte, porque necesita un corazoncito nuevo y no hay donantes en el vecino país, de la edad de él y que reúna las condiciones para ser donante.
Cuando se preveía que la vida de ese niño corría el mayor de los peligros de muerte, Argentina y un grupo de médicos-savios, tomaron el "vuelo de la vida" para llevar todo lo que saben con respecto al corazón artificial que le prolongará la espera, mientras la familia desea se cumpla el milagro definitivo.
A altas horas de la noche se reunieron los médicos argentinos, para intercambiar conocimientos con sus pares chilenos y por fin mañana intervenir quirúrgicamente, para que ese corazón articial sea conectado al paciente y así le prolongue la vida a Felipe Cruzat.
Por suerte para la humanidad, la ciencia no tiene fronteras y puede hermanar conocimientos (como en este caso) sin otro objetivo, que mejorar y prolongar la vida.
En ese lugar acéptico no hay fronteras, sólo se percibe conocimiento al servicio del otro.
El otro sos vos, soy yo, es aquél que no conocemos, pero que cada día espera un milagro, el del amor "Universal".
Dios pondrá sus manos iluminando la de los doctores y la vida de Felipe.
Hará que alguna vez vuelva a jugar y correr como lo que es, un niño.
No olvidemos por favor a nuestro querido Hospital Público "Garraham", formador de médicos especializados y consecuentes con la vida.
viernes, 20 de marzo de 2009
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