Por aquél entonces, en el verano de 1976 se notaba en el ambiente un aire enrarecido.
Argentina estaba viviendo desde hacía un largo tiempo, cierta inestablidad política (a pesar de la democracia).
La Presidencia de María Estela Martínez de Perón, parecía estar pasando por unos de los momentos más críticos, desde que había asumido.
En las calles del país murmuraban y algunos llegaban a decir, no soportamos más esta inseguridad, esta violencia. La misma se originaba, una parte en el sector del gobierno que lideraba el denominado "brujo" José López Rega (represor de represores) y por otro lado el movimiento de la Juventud Peronista, que ya se le oponía como una fuerza poderosa e inteligente.
Más tarde los golpistas de siempre, fueron a las puertas de los cuarteles para ser escuchados por los militares de turno que no dudaron un instante en planificar la caída de la democracia (aunque tambalente), democracia al fin.
Así llegamos al día 24 de marzo de 1976, cuando el elicóptero Presidencial emprendió el vuelo de rutina hacia la Residencia de Olivos, para llevarse por largos años a un Presidente Constitucional (detenido en el mismo vuelo) y nos sumimos en la noche más larga y negra del país.
Años de dolor, atropellos, del sin por qué, vivimos todos los argentinos.
Era común por entonces los famosos "Comunicados de la Junta Militar", uno de los primeros decía enumerando las primeras acciones del nuevo gobierno:
Suspende la actividad política
Suspende los derechos de los trabajadores.
Interviene los sindicatos.
Prohíbe las huelgas.
Disuelve el Congreso.
Disuelve los partidos políticos.
Destituye la Corte Suprema de Justicia.
Interviene la CGT.
Interviene la Confederación General Económica (CGE).
Suspende la vigencia del Estatuto del Docente.
Clausura locales nocturnos.
Ordena el corte de pelo para los hombres.
Quema miles de libros y revistas considerados peligrosos.
Censura los medios de comunicación.
Se apodera de numerosos organismos.
Sólo éstos enunciados bastan para darnos real cuenta, de lo que vivimos los argentinos.
Sólo faltó que se dijera "Se le dará muerte, tortura y desaparición, a todo aquél que piense o se atreva e enfrentar nuestras ideas, sean a nó culpables o sospechosos de participar en algún acto de desobediencia de vida".
El horror estuvo en las calles, en los claustros estudiantiles, en los teatros, en las casas de familia.
La lista fue larga como interminable el dolor y la desaparición de tántos argentinos, inteligentes, capaces, de cualquier edad y religión.
Robaron niños, expropiaron y disfrutaron de las casas de los que ellos mismos detenían y luego mataban. Se enriquecieron ilícitamente y fueron casi los dueños totales de este territorio.
Conocimos de verdad el "terrorismo de estado".
Ellos se llevaron para siempre la identidad de nuestros compatriotas desaparecidos.
No hubo cadáveres, ni tumbas, donde llorar a los seres queridos. Sólo N.N. por doquier.
La locura de esas mentes enfermas, se llevaron también la vida de algunos extrajeros, como "Las Monjitas francesas", entre otros.
Fui testigo estando en Rosario de la provincia de Santa Fe. Padecí la desaparición de amigos queridos, de los vecinos (el hijo de la panadera del barrio) y tántos otros.
Padecí en forma directa junto a cuatro compañeros de trabajo, una madrugada del 20 de Junio "Día de la Bandera", un ataque de parapoliciales que no nos mataron, porque seguramente Dios resolvió que no era nuestro tiempo. Llegué a tener apoyado en mi frente un revólver y en medio de gritos, autos que hacían cola, nadie se atrevió a intervenir por el famoso y recordado (no te metás, por algo será).
Debemos tener "Memoria", para no volver a repetir los mismos errores que nos llevaron, en casi toda América del Sur a vivir, los tiempos más triste de la historia presente.
Que no se repita.
martes, 24 de marzo de 2009
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