Palabras que a diario repetimos casi sin darnos cuenta. Cada una de ellas lleva implícito nuestro sentimiento más profundo.
Vivimos tan automatizados, tan como de paso que no valoramos los encuentros y menos aún esas frases que quedan en el aire libradas al destino, como una eterna despedida.
Muchas veces es así. Porque no volvés a ver a ese amigo del cual te despediste.
Porque la compañera o compañero de trabajo se fue y ni siquiera pensó en saludarte.
Porque la vida cambia rápidamente y no te dió la posibilidad de un último encuentro.
Pregunto si a álguien le interesa saber cómo esta el otro. Bien o nó, cómo anda de ánimo (más aún en éstas épocas) en que a cada paso pareciera acecharte el peor de los enemigos.
Desde el virus del "dengue" hasta los comunmente llamados "chorros".
Los que pueden llegar por avión u otro trasnporte desde México o Estados Unidos, como la gripe porcina.
Están los otros, los grandes inconvenientes que también te acechan, con motivo de la "Crisis Financiera Mundial" y toca a cada uno de los vivientes sobre la tierra.
Lejos de unirnos para enfrentar juntos los inconvenientes, demostramos una vez más que los seres humanos somos los más egoístas de toda especie viva que habite la tierra.
Es así que he perdido el deseo (por ahora) de comunicarme a travéz de estas humildes y simples líneas con los que alguna vez ingresaron a este portal.
Repito entonces lo del título.
"Hasta luego. Hasta cada rato. Hasta siempre.
domingo, 26 de abril de 2009
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