El domingo de Pascua de Resurrección, siempre resulta especial. Por la recordación cristiana que nos reúne y nos invita a meditar.
Luego se transforma en motivo de reunión y alegría entre amigos o familias.
No fuí la excepción, así lo viví con todos los míos.
La tarde de este domingo fue única por años, porque en realidad sentí que Agustina (mi sobrina nieta) con sus sólo 3 añitos, me devolvió la infancia.
Sentí tánto regocijo al jugar con ella, de tántas y tántas maneras.
Imaginándonos en un zoológico, en moto, en barco. Que estábamos de zafari. Ella y su frondosa imaginación lograba el milagro.
Reíamos por todo. Saltamos la soga. Jugamos a la escondida, a la mamá y al papá.
Mi corazón era una flor gigante pletórica de amor, ternura, alegría.
La noche y el cansancio nos sorprendió, ella dormida como un ángel en los brazos de su padre y yo con deseos de abrir los míos, mirar al cielo con miles de estrellas y una luna ya asomada, diciendo: "Gracias por este día, por lo que me enviaste para celebrarte a vos. Por la inocencia de mi niña, Agustinita. Por el milagro de su vida y por todo lo que significa en la mía."
"Gracias por poder decir la palabra y estar totalmente convencida que cada día estás allí para sorprederme".
"Gracias por esta maravilla que es la vida".
domingo, 12 de abril de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario