Pasó el fin de semana. Incluído en el paquete de días de descanso figuraba en el almanaque el "25 de Mayo", día de la Patria.
A mi se me pasó casi sin sentirlo, es decir tán velózmente que aún me quedaron deseos del disfrute.
Vino mi gente, mi familia querida y entre ellos lo más bello de los días de hoy (para mi), Agustina.
Es mi sobrina nieta, bella, inteligente, llena de sueños y vitalidad.
A su lado la vida es leve, porque te invita a sumirte en su mundo de dulzura e inocencia.
Allí pierdo la noción del tiempo. Vuelvo a la infancia y me convierto en una niña más.
Cantamos, jugamos a las muñecas, caminamos tomadas de la mano y nunca nada más increíble que sentir ese contacto en el hueco de la mía.
Inventar juegos, reponder preguntas, despejar las dudas y saber que no he perdido la capacidad de la invención, del disfrute profundo y con gran amor de esa niña que es en mi vida, un presente maravilloso y lo increíble del futuro.
Entre tántas horas compartidas, dejé en ella una simple canción de rondas, que aprendemos rápidamente cuando niños.
Arróz con leche
Arróz con leche
me quiero casar
con una señorita de San Nicolás,
Que sepa tejer
Que sepa bordar
Que sepa abrir las puertas
para ir a jugar.
Con esta canción y (ya mis recuerdos) me voy a mi lugarcito en la vida cotidiana.
martes, 26 de mayo de 2009
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