Me tomé dos días para reflexionar y escuchar comentarios sobre este acto eleccionario.
Lo positivo es que en las dos cámaras del Congreso Nacional, habrá mayor pluraridad de opiniones y por ende obligará a los sectores políticos de diversas fuerzas populares a debatir, compartir, disentir o consensuar, sobre las nuevas medidas que se tomen en el próximo año
legislativo.
Espero que mi país se vea altamente favorecido por la pluralidad de voces.
Muchos argentinos hablan con alegría infinita porque creen haber doblado el destino del país y sobremanera las decesiones gubernamentales de la presidencia de Cristina Fernández de Kirschner.
Muchos periodistas hicieron de los medios de comunicación una tribuna política en contra de la actual presidencia, al extremo de no disimular la alegría y por momentos el triunfalismo de los sectores vencedores en los comicios.
Me sonaron y suenan desde hace mucho tiempo como un golpe de estado encubierto. Cada uno trata de salvar sus intereses personales y de grandes monopolios peridodísticos para los cuales trabajan.
Olvidan nuestra historia, y no recuerdan muchos que hoy se sienten perjudicados con este mandato presidencial, que "hubo otros momentos similares en los que se pedía a gritos un cambio". Hubieron cambios y algunos son para el olvido y otros para sumergirnos en el dolor.
Quiero significar que estoy harta de los rencores en los que vivimos permanentemente. Es negro o es blanco, son los de arriba o son los de abajo. Los de derecha o los de izquierda. Nunca somos negros y blancos. De derecha e izquierda, pobres y ricos. Todos juntos para defender los valores de esta Argentina que estoy segura mirará atónita a sus habitantes preguntándose "muerta de verguenza". ¿Cuándo vamos a aprender y sentir que todos somos hermanos? Que tiene para quienes habitemos su suelo (con todas las geografías) un destino mejor, pletórico de grandeza y no de miserias.
Depende de nosotros.
martes, 30 de junio de 2009
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