Siempre te recuerdo. El tiempo sigue pasando marcando fuertemente los días de tu ausencia.
Partiste hace mucho a decir poemas, a pintar de azules más profundos el cielo. No me acostumbro a tu ausencia.
Cada día cuando miro el cielo y veo el lucero, te saludo. Inolvidable, irr
epetible, única Silvina Muchnik, amiga mía.
Extraño esas charlas inteligentes, tu risa, el eco de tu voz. Esa comunicación que era casi ancestral.
Podíamos bajar a las profundidades de la tierra para luego salir a volar; posarnos en las cornisas y mirarlo todo desde arriba.
Daba igual si hablábamos de amor, ausencias, historia o simplemente del color de la rosa. La flor que más te gustaba junto al jazmín. Por eso tus libros, tus poemas.
Igual tus pinturas mágicas, tan llenas de colores inigualables y alegres como esa parte del espíritu que pocos conocían.
Exquisita mujer y amiga. Inteligente pensadora.
Te rindo en este tiempo de vacaciones para mi, el homenaje que merecés.
Simple como soy yo y apelando a tus poemas. Lo multiplico para que otros vuelvan a leerte y así siempre estarás prensente.
De tu libro "La Rosa y el Asombro". Silvina Muchnik
Quiero dejar mi duende
Quiero dejar mi duende
volver al universo.
Que otro ser lo respire
multiplicando asombro.
Yo lo encontré cansado
de haber andado lento,
tanta ausencia de fe
tanto talento al fin vocacionado.
Hoy me despido sin dolor,
de la latencia que marcó en mi voz
la dimensión exacta del idioma.
Vuelvo a la esencia, al polvo,
a la migaja de una ciudad
/indiferente y quieta;
a ser la soledad inapelable
que dialoga con Dios
frente al testigo ciego.
Hoy regreso por fin
a ser labriego y lluvia,
grávida tierra,
arenal o piedra.
domingo, 19 de julio de 2009
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