Después de haber hecho unas horas de meditación (un parendizaje) ayer donde mucho se habló de este genio de la Literatura. Quiero compartir este cuento que tiene mucha sabiduría.
LOS TRES STARETZI (Hombres santos, de avanzada edad)
Y orando, no habléis inútilmente, como los paganos, que piensan que por su palabrería serán oídos. No los imiteís, porque vuestro padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes de que vosotros le pidáis.
San Mateo Vl, 7 y 8.
El obispo de Arkangelsk navegaba hacia el monasterio de Solovski. Iban en el buque varios peregrinos que se dirigían al mismo lugar para adorar las sagradas reliquias que allí se custodian. El viento era favorable, el tiempo magnífico y el barco se deslizaba serenamente.Algunos peregrinos se habían recostado, otros comían; otros, sentados, conversaban en pequeños grupos. El obispo subió a la cubierta y comenzó a pasearse. Al acercarse a la proa, vio un grupito de pasajeros y en el centro un hombre que hablaba señalando un punto en el horizonte. Los demás lo escuchaban con atención. El obispo se detuvo y miró en la dirección que señalaban, pero sólo vio el mar, cuya superficie resplandecía a la luz del sol. El obispo se acercó más y prestó atención. El hombre, al verlo, se descubrió y calló. Los demás lo imitaron, descubriéndose respetuosamente.
-No se preocupen, hermanos míos-dijo el prelado-. Yo también quiero oír lo que aquí se está diciendo.
-Pues bien -respondió un comerciante que parecía menos intimidado que los otros componentes del grupo-, nos narraban la historia de los tres staretzi (1).
-¡Ah! -dijo el obispo-. ¿Y qué historia es esa?
Y, acercándose a la borda, se sentó sobre un cajón.
-Habla-agregó, dirigiéndose al campesino-, yo también quiero oírte. ¿Qué señalabas, hijo mío?
-Aquel islote-respondió el campesino, mostrando, a su derecha, un punto del horizonte-.
Justamente en ese islote los tres staretzi trabajan por la salvación de su alma.
-Pero ¿dónde está el islote?
-Dígnese mirar usted en la dirección de mi mano. ¿Ve esa nubecilla? Pues bien, algo más bajo, a la izquierda. Esa especie de franja gris.
El obispo miraba con atención, pero como el agua centelleaba y él no tenía costumbre, nada alcanzaba a ver.
-Pues no veo nada -dijo-. Mas ¿quiénes son esos staretzi que viven en el islote?
-Son hombres de Dios -contestó el campesino-. Hace ya mucho que oí hablar de ellos, pero hasta el verano pasado no tuve oportunidad de verlos.
El mujik (Campesino ruso) reanudó su relato. Un día que había salido de pesca, un temporal lo arrastró hasta aquel islote desconocido. Echó a caminar y descubrió una minúscula cabaña, junto a la cual estaba uno de los staretzi. Poco después aparecieron los otros dos. Al ver al campesino, pusieron sus ropas a secar y lo ayudaron para que reparase su barca.
-¿Y cómo son? -preguntó el obispo.
-Uno de ellos es encorvado, pequeño y muy viejecito. Viste una raída sotana y parece tener más de cien años. Su blanca barba empieza a adquirir una tonalidad verdosa. Es risueño y apacible como un ángel del cielo. El segundo, un poco más alto, lleva un andrajoso capote. Su luenga barba gris tiene reflejos amarillos. Es muy vigoroso: puso mí barca boca abajo como si se tratara de una cáscara de nuez, sin darme tiempo a ayudarlo. El también parece siempre contento. El tercero es muy alto: su barba es blanca como el plumaje del cisne y le llega hasta las rodillas. Es un hombre melancólico, de ceño fruncido, que sólo cubre su desnudez con un trozo de arpillera que se sujeta a la cintura.
-¿Y de qué hablaban contigo? -preguntó el sacerdote.
-Oh, hablaban muy poco, incluso entre ellos. Les bastaba una mirada para entenderse. Le pregunté al más anciano si hacía mucho tiempo que vivían allí y él no sé qué me respondió con tono de fastidio. Pero el más bajo lo tomó de la mano, sonriendo, y el alto se calmó enseguida. El viejecito dijo solamente: "Haznos el favor...
Y sonrió.Mientras hablaba el campesino, el barco se había acercado a un grupo de islas.
-Ahora se divisa perfectamente el islote -observó el comerciante-. Mire usted, Ilustrísima -añadió, extendiendo el brazo.
El obispo vio entonces una franja gris. Era el islote. Permaneció inmóvil un largo rato, y después, pasando de proa a popa, dijo al piloto:
-¿Qué islote es aquel?
-Uno de tantos. No tiene nombre.
-¿Es cierto que allí trabajan los staretzi por la salvación de su alma?
-Eso dicen, mas no sé si es cierto. Los pescadores aseguran haberlos visto, pero a veces se habla por hablar.
-Me gustaría desembarcar en el islote para ver a los staretzi-dijo el obispo-. ¿Es posible?
-El buque no puede anclar allí -respondió el piloto-. Para eso hay que utilizar el bote, y sólo el capitán puede autorizarnos a lanzarlo al agua.
Se dio aviso al capitán.
-Quiero ver a los staretzi-dijo el obispo-. ¿Puede llevarme?
El capitán intentó disuadirlo.
-Es fácil -contestó-, pero perderemos mucho tiempo. Y casi me atrevería a decir a su Ilustrísima que no vale la pena verlos. He oído decir que esos ancianos son unos necios, que no entienden lo que se les dice y casi no saben hablar, como si fueran peces.
-Sin embargo, quiero verlos. Pagaré lo que sea, pero le ruego que disponga lo necesario para llevarme.
La cosa quedó resuelta. Se realizaron los preparativos necesarios, se cambiaron las velas, el piloto modificó el rumbo y el buque enfiló hacia la isla. Colocaron a proa una silla para el obispo, quien sentado en ella clavó la mirada en el horizonte. Los pasajeros también se reunieron para ver el islote de los staretzi. Los que tenían buena vista divisaban ya las rocas de la isla y mostraban a los demás la diminuta choza. Bien pronto, uno de ellos descubrió a los tres staretzi. El capitán trajo un catalejos, miró y se los ofreció al obispo.
-Es cierto-dijo-. A la derecha, junto a un gran peñasco, se ve a tres hombres.
El obispo enfocó el catalejos en la dirección señalada y vio, efectivamente, a tres hombres: uno muy alto, otro más bajo y el tercero muy pequeño. Estaban de pie, junto a la orilla, tomados de la mano.
-Aquí debemos anclar el buque-advirtió el capitán al obispo-. Su Ilustrísima debe embarcar en el bote. Nosotros lo esperaremos.
Echaron el ancla, recogieron las velas y el barco empezó a balancearse. Botaron la canoa, saltaron a ella los remeros y el obispo descendió por la escala.Se sentó en un banco de popa y los marinos remaron en dirección al islote. Pronto llegaron a una distancia muy corta, desde donde se distinguía perfectamente a los tres staretzi: uno muy alto y casi desnudo, salvo por un trozo de arpillera ceñido a la cintura; otro más bajo, con un capote harapiento, y por último el más viejo, encorvado y vestido con sotana. Estaban los tres tomados de la mano.Llegó el bote a la orilla, saltó a tierra el obispo y bendiciendo a los staretzi, que se deshacían en reverencias, les habló así:
-He sabido que trabajan aquí por la eterna salvación de sus almas, amados staretzi, y que rezan al Cristo por el prójimo. Yo, indigno servidor del Altísimo, he sido llamado por su gracia para apacentar sus ovejas. Y puesto que sirven al Señor, he querido visitarlos para traerles la palabra divina.Los staretzi callaron, se miraron y sonrieron.
-Díganme cómo sirven a Dios -prosiguió el obispo. El staretzi que estaba en el centro suspiró y miró al viejecito. El staretzi más alto hizo un gesto de fastidio y también se volvió hacia el anciano. Este sonrió y dijo:
-Servidor de Dios, nosotros no sabemos servir al Altísimo sino tan sólo a nosotros mismos, ganando nuestro sustento.
-Pues entonces - respondió el obispo-, ¿cómo rezan?
-Nuestra oración es esta: "Tú eres tres, nosotros somos tres. Concédenos tu gracia".
Y no bien el viejecillo pronunció estas palabras, los tres staretzi alzaron la mirada al cielo y repitieron:
-Tú eres tres, nosotros somos tres. Concédenos tu gracia.Sonrió el obispo y dijo:
-Evidentemente han oído hablar de la Santísima Trinidad, pero no es así como se debe rezar. Les he tomado afecto, venerables staretzi, porque advierto que quieren complacer a Dios. Pero ignoran cuál es la forma de servirle. Esa no es la manera de rezar. Escúchenme, que yo les voy a enseñar. Lo que les diré está en las Sagradas Escrituras de Dios, que dicen cómo debemos dirigirnos a El.
Y el obispo les explicó cómo Cristo se reveló a los hombres y les habló sobre el misterio de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Después dijo:
-El Dios Hijo descendió a la Tierra para salvar al género humano, y a todos nos enseñó a rezar. Escuchen y repitan conmigo -y el obispo empezó:-Padre nuestro...
Y el primer staretzi repitió:
-Padre nuestro...
Y el segundo dijo asimismo:
-Padre nuestro...
Y el tercero:
-Padre nuestro...
-Que estás en los Cielos -prosiguió el obispo.Y los staretzi repitieron:
-Que estás en los Cielos...
Pero el que estaba en el medio se equivocaba y decía una palabra por otra; el más alto no podía seguir porque los bigotes le tapaban la boca, y el viejecito, que no tenía dientes, pronunciaba muy mal. El obispo recomenzó la oración y los staretzi volvieron a repetirla. El prelado se sentó en una piedra y los staretzi hicieron círculo alrededor de él, mirándolo fijamente y repitiendo cuanto él decía.Todo el día, hasta la llegada de la noche, el obispo se empeñó en que aprendieran la oración, reiterándoles la misma palabra diez, veinte, cien veces. Los staretzi se equivocaban, él los corregía y volvía a empezar.El obispo no se separó de los staretzi hasta que les hubo enseñado la divina plegaria. La repitieron con él, y después solos. El staretzi del medio la aprendió antes que los otros, y la dijo sin ayuda. Entonces el obispo se la hizo repetir varias veces, y sus compañeros lo imitaron. Empezaba a oscurecer y la luna se levantaba sobre el mar cuando el obispo se incorporó para volver al buque. Se despidió de los staretzi, quienes lo saludaron inclinándose hasta el suelo. El los hizo incorporarse y los besó a los tres, recomendándoles que rezaran como los había enseñado. Después se instaló en el banco del bote que se dirigió hacia el buque. Mientras bogaban, seguía oyendo a los staretzi recitando en alta voz la plegaria del Señor. Pronto llegó el bote junto al barco. Ya no se oían las voces de los staretzi, pero aún se los veía en la orilla, los tres a la luz de la luna: el viejecito en medio, el más alto a su derecha y el otro a la izquierda.El obispo llegó al buque y subió al puente. Levaron anclas, el viento hinchó las velas y la nave se puso en marcha continuando el viaje interrumpido. El obispo se sentó a popa, con la mirada clavada en el islote. Aún se divisaba a los tres staretzi. Después desaparecieron y sólo se vio la isla. Y por último, esta también se desvaneció en lontananza y quedó el mar solo, brillando bajo la luna. Se acostaron los peregrinos y el silencio envolvió el puente, pero el obispo aún no quería dormir. De pie en la popa, contemplaba el mar, en dirección del islote, y pensaba en los buenos staretzi. Recordaba la dicha que habían experimentado al aprender la plegaria y agradecía a Dios que lo hubiera señalado para ayudar a aquellos santos varones, enseñándoles la palabra divina.Esto pensaba el obispo, con la mirada fija en las aguas, cuando vio algo que fulguraba en la estela luminosa de la luna. ¿Sería una gaviota o una vela blanca? Miró con más atención, y se dijo: "Sin duda es una barca de vela que nos sigue. ¡Pero cuán veloz avanza! Hace un instante estaba lejos, muy lejos, y ahora ya está cerca. Además, no se parece a ninguna de las barcas que yo he visto, y esa vela tampoco parece una vela. No obstante, nos sigue”.
Y el obispo no atina a describir qué es. ¿Un ave, un pez? También parece un hombre, pero es más grande que un hombre. Y, además, un hombre no podría caminar sobre el agua. Se levantó el obispo y fue adonde estaba el piloto.
-¡Mira!-le dijo-. ¿Qué es eso?
Pero en ese instante, advierte que son los staretzi que se deslizan sobre el mar y se acercan a la nave. Sus níveas barbas lanzan un intenso resplandor. El piloto abandona el timón.
-¡Señor, los staretzi nos persiguen sobre el mar, y corren sobre las olas como si fuera el suelo!
Al oír estos gritos, los pasajeros se levantaron y lanzáronse hacia la borda. Entonces, todos vieron a los staretzi que se deslizaban por el mar, tomados de la mano y que los de los extremos hacían señas para que el buque se detuviera.Aún no habían tenido tiempo de detener la marcha, cuando los tres staretzi llegaron junto al barco, y levantando los ojos, los tres dijeron a un tiempo:
-Servidor de Dios, ya hemos olvidado recitar la plegaria. Mientras la repetíamos, nos acordábamos; pero en cuanto dejamos de decirla, se nos olvidó una palabra y todo se vino abajo. Por favor, queremos que nos la enseñes otra vez. El obispo se persignó y dijo inclinándose hacia los staretzi:
-La oración de ustedes llegará igualmente al Señor, santos staretzi. ¡No soy yo quien debe enseñarles! ¡Recen ustedes por nosotros, pobres pecadores!Y el obispo los saludó con una profunda reverencia. Los staretzi permanecieron un instante inmóviles, después se volvieron y se alejaron sobre el mar.Y hasta el alba se vio un gran resplandor en el islote a donde habían regresado.
domingo, 27 de septiembre de 2009
sábado, 26 de septiembre de 2009
"El equinoccio vernal"
Fue una experiencia maravillosa el poder participar por primera vez, de una meditación por el cambio de estación.
Es tán importante este cambio para los seres humanos que ninguno debería dejarlo pasar inadvertido.
Haber tenido esta experiencia con Andrés Percivale (discípulo de Indra Devi), es algo que no olvidaré y que deseo marque un cambio importante en mi vida.
Detenerse por dos horas (cuando en el mundo sucede de todo) y sentir que está liberada la mente para que nuestro cuerpo conciente deje de existir, es inexplicable.
La posibilidad de pensar queda de lado y comienza a intervenir esa profunda sensación de alivio que produce sentirse a sí mismo elevado, transmutado a un universo de la nada.
Es como estar en un mar suave y azul sin movimiento, dejando que las olas nos acaricien el alma.
El ser humano necesita alejarse de tánta agitación cotidiana, ordenarse, sentirse en lo profundo.
Cuando más miremos hacia adentro, sin importar el afuera, el exterior de las cosas, conseguiremos una mayor elevación hacia el infinito.
Cuánto más escuchemos nuestro interior, más nos conozcamos en cada una de nuestras expresiones, alcanzaremos ese estado de perfección humana que el mundo está necesitando cada día con más fuerzas.
Las liviandades deben perder valor ante nuestra mirada interior. Debemos escuchar nuestro Yo interior que es como sentir a Dios.
Liberarse de las ataduras del mundo, de lo que éste nos exige logrando que nosotros nos convirtamos en meros juguetes y dejemos de escuchar la voz "interior", es necesario, casi una abligación a esta altura del siglo XXI.
Si a partir de hoy, recordamos esas horas en que pudimos sentirnos privilegiados (los que participamos de la expriencia) por haber logrado un grado de elevación superor y lo ponemos en práctica diariamente, ayudaremos al cambio que la humanidad necesita para tener una vida mejor.
Siempre empieza por uno y nó por los demás. Si cambio, el otro también lo hará.
Que así sea.
Es tán importante este cambio para los seres humanos que ninguno debería dejarlo pasar inadvertido.
Haber tenido esta experiencia con Andrés Percivale (discípulo de Indra Devi), es algo que no olvidaré y que deseo marque un cambio importante en mi vida.
Detenerse por dos horas (cuando en el mundo sucede de todo) y sentir que está liberada la mente para que nuestro cuerpo conciente deje de existir, es inexplicable.
La posibilidad de pensar queda de lado y comienza a intervenir esa profunda sensación de alivio que produce sentirse a sí mismo elevado, transmutado a un universo de la nada.
Es como estar en un mar suave y azul sin movimiento, dejando que las olas nos acaricien el alma.
El ser humano necesita alejarse de tánta agitación cotidiana, ordenarse, sentirse en lo profundo.
Cuando más miremos hacia adentro, sin importar el afuera, el exterior de las cosas, conseguiremos una mayor elevación hacia el infinito.
Cuánto más escuchemos nuestro interior, más nos conozcamos en cada una de nuestras expresiones, alcanzaremos ese estado de perfección humana que el mundo está necesitando cada día con más fuerzas.
Las liviandades deben perder valor ante nuestra mirada interior. Debemos escuchar nuestro Yo interior que es como sentir a Dios.
Liberarse de las ataduras del mundo, de lo que éste nos exige logrando que nosotros nos convirtamos en meros juguetes y dejemos de escuchar la voz "interior", es necesario, casi una abligación a esta altura del siglo XXI.
Si a partir de hoy, recordamos esas horas en que pudimos sentirnos privilegiados (los que participamos de la expriencia) por haber logrado un grado de elevación superor y lo ponemos en práctica diariamente, ayudaremos al cambio que la humanidad necesita para tener una vida mejor.
Siempre empieza por uno y nó por los demás. Si cambio, el otro también lo hará.
Que así sea.
lunes, 21 de septiembre de 2009
¡Felíz Primavera 2009!
En estas primeras horas (de la estación más bella del año), dejame convertirme en Hada y salir.
Siiiiiiiiiiiii !!!!!!!!!!!!Quiero salir cantando, saltando. Subirme a la primera estrella a la más brillante, hacer guiños. Colgar en cada balcón miles de flores. Sembrar colores. Que cada casa, cada edificio tenga uno diferente.
Sonreir, gritar, amar, llorar. Correr, subirme a la punta del obelisco y de allí arrojar pétalos multicolores durante todo el día.
Después mágicamente irme a la plaza de mi pueblo y juguetear en los senderos, cortar alguna flor para ponerla en mi pelo y girando decir, vamos, vengan, cantemos: ¡Viva la primavera! ¡Vivan los estudiantes que le ponen sonidos diferentes! ¡Viva la vida! ¡Viva el amor!
Que vengan los poetas y con versos escriban todas las paredes. Sí, esta vez esta permitido. Que el amor surja de cada una de sus letras. Elijo a Pablo Neruda, sólo él pudo decir en su libro "Cien Sonetos de Amor".
Tal Vez no ser es ser sin que tú seas
Tal vez no ser es ser sin que tú seas,
sin que vayas cortando el mediodía
como una flor azul, sin que camines
más tarde por la niebla y los ladrillos,
sin esa luz que llevas en la mano
que tal vez otros no verán dorada,
que tal vez nadie supo que crecía
como el orígen rojo de la rosa,
sin que seas, en fin, sin que vinieras
brusca, incitante, a conocer mi vida,
ráfaga de rosal, trigo del viento,
y desde entonces soy porque tú eres,
y desde entonces eres, soy y somos,
y por amor seré, serás, seremos.
¡Amigos míos, Felíz Primavera!
Siiiiiiiiiiiii !!!!!!!!!!!!Quiero salir cantando, saltando. Subirme a la primera estrella a la más brillante, hacer guiños. Colgar en cada balcón miles de flores. Sembrar colores. Que cada casa, cada edificio tenga uno diferente.
Sonreir, gritar, amar, llorar. Correr, subirme a la punta del obelisco y de allí arrojar pétalos multicolores durante todo el día.
Después mágicamente irme a la plaza de mi pueblo y juguetear en los senderos, cortar alguna flor para ponerla en mi pelo y girando decir, vamos, vengan, cantemos: ¡Viva la primavera! ¡Vivan los estudiantes que le ponen sonidos diferentes! ¡Viva la vida! ¡Viva el amor!
Que vengan los poetas y con versos escriban todas las paredes. Sí, esta vez esta permitido. Que el amor surja de cada una de sus letras. Elijo a Pablo Neruda, sólo él pudo decir en su libro "Cien Sonetos de Amor".
Tal Vez no ser es ser sin que tú seas
Tal vez no ser es ser sin que tú seas,
sin que vayas cortando el mediodía
como una flor azul, sin que camines
más tarde por la niebla y los ladrillos,
sin esa luz que llevas en la mano
que tal vez otros no verán dorada,
que tal vez nadie supo que crecía
como el orígen rojo de la rosa,
sin que seas, en fin, sin que vinieras
brusca, incitante, a conocer mi vida,
ráfaga de rosal, trigo del viento,
y desde entonces soy porque tú eres,
y desde entonces eres, soy y somos,
y por amor seré, serás, seremos.
¡Amigos míos, Felíz Primavera!
sábado, 19 de septiembre de 2009
Declaración de amor a Mabel
Siempre siento que los "te quieros" son pocos.
Que no alcanzan y no puedo expresar cuánto, cuánto significás para mi.
Te llevo unos años. Te vi nacer, crecer, te escuché reir, llorar. Ayudé a que dieras los primeros pasos en la vida y sobre un pastito que crecía en el campo.
Te peinaba ese rulito de cabello ensortijado que tenías. Qué placer. Eras mi muñeca de carne y hueso.
Recuerdo cuando perdiste tu primer diente de leche. Las primeras palabras.
Siempre fuiste buena, callada aún de pequeñita. Te hacías notar muy poco.
Tus grandes ojos verdes siempre eran un misterio. (Lo son hoy).
Por suerte estuve en todos los actos de la vida, los más simples y los más importantes.
Nunca olvidaré la primera comunión, allí en la Iglesia de Berabevú. Teníamos tánta ilusión con mami y toda la pequeña familia que no sabíamos cómo hagasajarte. Eras "nuestra pequeña, la menor"
Recuerdo que tu vestido (se usaba así por esa época) era casi el de una novia. Estabas tán bella.
Fuiste la realidad, de lo que no pudimos Mary y yo tus hermanas mayores.
Pasaron los años, cada una se formó, estudió, hizo su vida con profesiones totalmente distintas.
Formaste tu familia, luchaste mucho por ella y hoy los jóvenes años te descubren como una mujer adulta con gran vida interior, pero siempre reservada y sumamente callada con tus sen- timientos más profundos.
Soy tu hermana mayor y siento permanentemente un profundo amor por vos. Distinto a otros. Siento que nuestras almas son gemelas y que nos une un sentimiento que trasciende el espacio y el tiempo.
Quiero dejar como testigo de mi gran cariño por vos, estas palabras. Por si no alcanzan las que te digo en los espacios cortos en que nos vemos, ya que cada una vive en ciudades diferentes.
Los abrazos diarios se van al espacio, porque cada día los envío con el pensamiento.
También repito y digo: ¡Hay hermanita, si supieras cuánto te quiero!
Que no alcanzan y no puedo expresar cuánto, cuánto significás para mi.
Te llevo unos años. Te vi nacer, crecer, te escuché reir, llorar. Ayudé a que dieras los primeros pasos en la vida y sobre un pastito que crecía en el campo.
Te peinaba ese rulito de cabello ensortijado que tenías. Qué placer. Eras mi muñeca de carne y hueso.
Recuerdo cuando perdiste tu primer diente de leche. Las primeras palabras.
Siempre fuiste buena, callada aún de pequeñita. Te hacías notar muy poco.
Tus grandes ojos verdes siempre eran un misterio. (Lo son hoy).
Por suerte estuve en todos los actos de la vida, los más simples y los más importantes.
Nunca olvidaré la primera comunión, allí en la Iglesia de Berabevú. Teníamos tánta ilusión con mami y toda la pequeña familia que no sabíamos cómo hagasajarte. Eras "nuestra pequeña, la menor"
Recuerdo que tu vestido (se usaba así por esa época) era casi el de una novia. Estabas tán bella.
Fuiste la realidad, de lo que no pudimos Mary y yo tus hermanas mayores.
Pasaron los años, cada una se formó, estudió, hizo su vida con profesiones totalmente distintas.
Formaste tu familia, luchaste mucho por ella y hoy los jóvenes años te descubren como una mujer adulta con gran vida interior, pero siempre reservada y sumamente callada con tus sen- timientos más profundos.
Soy tu hermana mayor y siento permanentemente un profundo amor por vos. Distinto a otros. Siento que nuestras almas son gemelas y que nos une un sentimiento que trasciende el espacio y el tiempo.
Quiero dejar como testigo de mi gran cariño por vos, estas palabras. Por si no alcanzan las que te digo en los espacios cortos en que nos vemos, ya que cada una vive en ciudades diferentes.
Los abrazos diarios se van al espacio, porque cada día los envío con el pensamiento.
También repito y digo: ¡Hay hermanita, si supieras cuánto te quiero!
sábado, 12 de septiembre de 2009
Lo dijo el General Manuel Belgrano
¡Hay Patria mía! Estas fueron las dolidas palabras del General Manuel Belgrano, antes de morir.
Hoy las hago mías porque en realidad estamos viviendo como en un tiempo de descuento (el más desastrozo de los partidos en el país).
Parece que hemos perdido ya el minuto final para hacer el gol que nos haga ganar el "encuentro".
Atravesamos a lo largo de la historia reciente de la argentina, muchísimas dificultades de todos los tenores.
Dictaduras Militares. 30.000 desaparecidos. La inútil y dolorosa Guerra de Malvinas. Democracia con gobernantes corruptos. Debacle del 2001. Inmoralidad desde todos los ámbitos, pobreza e ignorancia. Deficientes planes para la salud. Educación malograda.
Más allá de todo eso y de lo que queda en medio de las líneas (y que vos con la imaginación podés seguir ampliando), existe hoy un "enorme desencuentro nacional".
Guerra de poderes y entre "poderosos". Odios que traspasan la frontera de lo imaginable.
Soberbias de uno y otro lado. Desunión, críticas permanentes y destructivas. Ataques mafiosos. Drogas. Violencia que no tiene fin.
Se hace difícil transitar el día a día con sueños de un mañana más esplendoroso.
Nadie propone una solución que nos haga pensar que podemos vencer este período de exclusión, de aumento de la pobreza de la "no esperanza".
Sabiamente escuché en éstos días en una reunión donde se debatía (desde la política económica, lo artístico y hasta lo deportivo) a un dirigente candidato a futuro Presidente del Club River Plate y también economista, preguntar (a otros que supuestamente saben de política, porque participan como diputados en el Congreso Nacional). ¿Dónde está la solución? ¿Quién de ustedes puede decirnos aproximadamente cual es el camino?. Porque hasta ahora escuché sólo críticas pero no posibles soluciones para enmendar el gran desajuste que vivimos actualmente.
Respodieron bueno............yo tengo un plan de gobierno para cuando asuma. El otro dijo, espero que al estar sentado en mi banca pueda ayudar a mi provincia a cambiar. Todavía no tiene gas natural, agua corriente........................
Así todos los días. Desde cualquier medio de comunicación. Escrito, televisado, radial. Es un bombardeo cotidiano a la ilusión, a la esperanza.
Todos coinciden en que la gente está agresiva, enojada, que pelea por cualquier motivo donde sea.
Desde los chicos en el colegio, hasta los mayores en las calles. Colectiveros, transeúntes. Motoqueros, taxistas, aumtomovilistas.
Hemos perdido el eje de lo esencial. La mirada de unos a otros como a un "igual".
Falta como moneda corriente el amor, la buena amistad (otras de las formas del amor). El trato amable, la sonrisa que limpia, el canto que ilumina el espíritu, la creencia y la comunicación con Dios.
La charla amena, cotidiana, constructiva.
"Nos falta amor". "Sencibilidad". "Solidaridad". "Unión" "Patriotismo".
Digo como dijera él: Manuelo Belgrano.
"¡Hay Patria Mía"!
Hoy las hago mías porque en realidad estamos viviendo como en un tiempo de descuento (el más desastrozo de los partidos en el país).
Parece que hemos perdido ya el minuto final para hacer el gol que nos haga ganar el "encuentro".
Atravesamos a lo largo de la historia reciente de la argentina, muchísimas dificultades de todos los tenores.
Dictaduras Militares. 30.000 desaparecidos. La inútil y dolorosa Guerra de Malvinas. Democracia con gobernantes corruptos. Debacle del 2001. Inmoralidad desde todos los ámbitos, pobreza e ignorancia. Deficientes planes para la salud. Educación malograda.
Más allá de todo eso y de lo que queda en medio de las líneas (y que vos con la imaginación podés seguir ampliando), existe hoy un "enorme desencuentro nacional".
Guerra de poderes y entre "poderosos". Odios que traspasan la frontera de lo imaginable.
Soberbias de uno y otro lado. Desunión, críticas permanentes y destructivas. Ataques mafiosos. Drogas. Violencia que no tiene fin.
Se hace difícil transitar el día a día con sueños de un mañana más esplendoroso.
Nadie propone una solución que nos haga pensar que podemos vencer este período de exclusión, de aumento de la pobreza de la "no esperanza".
Sabiamente escuché en éstos días en una reunión donde se debatía (desde la política económica, lo artístico y hasta lo deportivo) a un dirigente candidato a futuro Presidente del Club River Plate y también economista, preguntar (a otros que supuestamente saben de política, porque participan como diputados en el Congreso Nacional). ¿Dónde está la solución? ¿Quién de ustedes puede decirnos aproximadamente cual es el camino?. Porque hasta ahora escuché sólo críticas pero no posibles soluciones para enmendar el gran desajuste que vivimos actualmente.
Respodieron bueno............yo tengo un plan de gobierno para cuando asuma. El otro dijo, espero que al estar sentado en mi banca pueda ayudar a mi provincia a cambiar. Todavía no tiene gas natural, agua corriente........................
Así todos los días. Desde cualquier medio de comunicación. Escrito, televisado, radial. Es un bombardeo cotidiano a la ilusión, a la esperanza.
Todos coinciden en que la gente está agresiva, enojada, que pelea por cualquier motivo donde sea.
Desde los chicos en el colegio, hasta los mayores en las calles. Colectiveros, transeúntes. Motoqueros, taxistas, aumtomovilistas.
Hemos perdido el eje de lo esencial. La mirada de unos a otros como a un "igual".
Falta como moneda corriente el amor, la buena amistad (otras de las formas del amor). El trato amable, la sonrisa que limpia, el canto que ilumina el espíritu, la creencia y la comunicación con Dios.
La charla amena, cotidiana, constructiva.
"Nos falta amor". "Sencibilidad". "Solidaridad". "Unión" "Patriotismo".
Digo como dijera él: Manuelo Belgrano.
"¡Hay Patria Mía"!
sábado, 5 de septiembre de 2009
Es un mes muy especial
Septiembre es el mes en que se despiertan distintas sensaciones.
Esperar anciosamente un sol más parejo y calentito. El renacer de las plantas, las flores.
La primavera que ineludiblemente llega junto al día del estudiante.
El aire comienza a cambiar. Las hormonas se despiertan (después de estar un tánto adormecidas) y el bullicio desde el interior de los humanos se transforma.
Algunos esperan este mes considerado también el "mes del amor", soñando con muchísima ilusión con el hombre que llegará a su vida. Para despertarla definitivamente, sembrar semillitas de esperanza, luminosidad en la mirada y ardor en los labios.
Las manos se aligeran, los pies están livianos y toda una es una burbuja que comienza a girar de a poco para alimentar la magia de septiembre.
Que el amor toque la puerta de los que así lo desean. Los labios florezcan y la miel dorada recorra cada uno de los poros de esos seres alados que por fin sienten la magia de un sentimiento diferente.
Esperar anciosamente un sol más parejo y calentito. El renacer de las plantas, las flores.
La primavera que ineludiblemente llega junto al día del estudiante.
El aire comienza a cambiar. Las hormonas se despiertan (después de estar un tánto adormecidas) y el bullicio desde el interior de los humanos se transforma.
Algunos esperan este mes considerado también el "mes del amor", soñando con muchísima ilusión con el hombre que llegará a su vida. Para despertarla definitivamente, sembrar semillitas de esperanza, luminosidad en la mirada y ardor en los labios.
Las manos se aligeran, los pies están livianos y toda una es una burbuja que comienza a girar de a poco para alimentar la magia de septiembre.
Que el amor toque la puerta de los que así lo desean. Los labios florezcan y la miel dorada recorra cada uno de los poros de esos seres alados que por fin sienten la magia de un sentimiento diferente.
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