Siempre siento que los "te quieros" son pocos.
Que no alcanzan y no puedo expresar cuánto, cuánto significás para mi.
Te llevo unos años. Te vi nacer, crecer, te escuché reir, llorar. Ayudé a que dieras los primeros pasos en la vida y sobre un pastito que crecía en el campo.
Te peinaba ese rulito de cabello ensortijado que tenías. Qué placer. Eras mi muñeca de carne y hueso.
Recuerdo cuando perdiste tu primer diente de leche. Las primeras palabras.
Siempre fuiste buena, callada aún de pequeñita. Te hacías notar muy poco.
Tus grandes ojos verdes siempre eran un misterio. (Lo son hoy).
Por suerte estuve en todos los actos de la vida, los más simples y los más importantes.
Nunca olvidaré la primera comunión, allí en la Iglesia de Berabevú. Teníamos tánta ilusión con mami y toda la pequeña familia que no sabíamos cómo hagasajarte. Eras "nuestra pequeña, la menor"
Recuerdo que tu vestido (se usaba así por esa época) era casi el de una novia. Estabas tán bella.
Fuiste la realidad, de lo que no pudimos Mary y yo tus hermanas mayores.
Pasaron los años, cada una se formó, estudió, hizo su vida con profesiones totalmente distintas.
Formaste tu familia, luchaste mucho por ella y hoy los jóvenes años te descubren como una mujer adulta con gran vida interior, pero siempre reservada y sumamente callada con tus sen- timientos más profundos.
Soy tu hermana mayor y siento permanentemente un profundo amor por vos. Distinto a otros. Siento que nuestras almas son gemelas y que nos une un sentimiento que trasciende el espacio y el tiempo.
Quiero dejar como testigo de mi gran cariño por vos, estas palabras. Por si no alcanzan las que te digo en los espacios cortos en que nos vemos, ya que cada una vive en ciudades diferentes.
Los abrazos diarios se van al espacio, porque cada día los envío con el pensamiento.
También repito y digo: ¡Hay hermanita, si supieras cuánto te quiero!
sábado, 19 de septiembre de 2009
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