La vida es tán fuerte, avasalladora, única, que nos aferramos a ella con todas las fuerzas de la que somos capaces, más aún cuando la Fe nos transita.
Es el caso maravilloso de un hombre que lo vivió todo. Desde lo más alto allá por la década del 60, cuando integraba el grupo "Sandro y los de Fuego", hasta el Sandro que fué después. Creador de temas inolvidables que hizo como nadie. Que le cantaron en el mundo todo. Dueño de una interpretatividad poderosa unida a su capacidad actoral y la seducción que manejaba muy bien, supo mantener en lo alto a lo largo de las generaciones su éxito.
Fué un hombre de "mujeres, rosas y vinos". Conoció casi todos los placeres de la vida y tuvo como aliado y a la vez un secreto veneno, el cigarrillo.
Este vicio o adicción lo llevó a tener una vida cada vez más exigida y con grandes límites.
Desde hace unos largos 5 años, Sandro vino padeciendo lo que él creía nunca le iba a pasar.
La reducción de su capacidad respiratoria propia del EPOC, "enfermedad pulmonar obstructiva crónica".
Allí comienza a padecer y a sentir que el tiempo tenía un reloj que apuraba para su cura definitiva y que sólo un trasplante múltiple de órganos lo podía salvar. Corazón y pulmones. Antes de llegar a él paso mucha agua bajo el puente. Además de su voluntad, necesitábamos del gran amor "ante el dolor de una muerte" la posibilidad de otra vida.
Y ese ser jóven de sólo 20 años que partió a contar estrellas, junto a la infinita bondad de sus progenitores de sobreponerse para ser solidarios, llegó con el milagro de poder completar una vida nueva para NUESTRO GRAN ÍDOLO NACIONAL. Sandro, Sandro de América, el único.
Sé que aprendió en éstos años a reconocer y a sentir una profunda a Fe a Dios. Cuando oí en sus labios encomiendo mi vida a Él. Entro confiado a los quirófanos y estudios porque Dios me guía, supe que lo veríamos de nuevo cantando en todos los escenarios del país.
El milagro de la Fe es vida, esperanza, posibilidad de ser un renovado hombre que dirá en los escenarios para que lo escuchen en todas partes. "Los milagros exiten". "Amar la vida y aferrarse es posible". "La muerte tiene forma de cigarrillo".
Nuevamente lo de Violeta Parra es la mejor expresión.
"Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me dio dos luceros que, cuando los abro,
perfecto distingo lo negro del blanco,
y en el alto cielo su fondo estrellado
y en las multitudes el hombre que yo amo.
Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado el oído que, en todo su ancho,
graba noche y día grillos y canarios;
martillos, turbinas, ladridos, chubascos,
y la voz tan tierna de mi bien amado.
Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado el sonido y el abecedario,
con él las palabras que pienso y declaro:
madre, amigo, hermano, y luz alumbrando
la ruta del alma del que estoy amando.
Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado la marcha de mis pies cansados;
con ellos anduve ciudades y charcos,
playas y desiertos, montañas y llanos,
y la casa tuya, tu calle y tu patio.
Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me dio el corazón que agita su marco
cuando miro el fruto del cerebro humano;
cuando miro el bueno tan lejos del malo,
cuando miro el fondo de tus ojos claros.
Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Me ha dado la risa y me ha dado el llanto.
Así yo distingo dicha de quebranto,
los dos materiales que forman mi canto,
y el canto de ustedes que es el mismo canto
y el canto de todos, que es mi propio canto.
Gracias a la vida que me ha dado tanto".
domingo, 22 de noviembre de 2009
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