Estuve recorriendo unos días la querida "Rosario", ciudad bella, con su río Paraná, arboledas maravillosas y una tranquilidad que se nota comparándola con Buenos Aires.
Pude comprobar (una vez más) como vamos cambiando los seres humanos.
Aquéllos que en la juventud eran alegres y con grandes aspiraciones, pasado el tiempo los encuentro más dispersos, conformistas y como "algo sordos". No escuchan, no siguen un diálogo sino que sólo hablan y manifiestan lo que están viviendo, no hay otro interés.
Se hace muy difícil compartir y departir con amabilidad e inmensa alegría por el reencuentro.
También pude comprobar que por éstos años (los que hemos vivido cada uno) coincidimos en algo, en que "nadie sabe si conoció verdaderamente el amor".
Yo hace tiempo que vivo separada del amor de un hombre, pero aquéllos que estuvieron casados muchos años y hoy son viudas, viudos o separados se preguntan: ¿Conocí el amor? ¿Sé cual es el verdadero amor?. Todos se respondieron luego de quedarse en silencio unos minutos "NO, NO LO CONOZCO".
Creemos que ya nada puede asombrarnos demasiado, debo reconocer que esta respuesta me dejó a mí un gran signo de interrogación.
¿Todos nos encontramos con el ser equivocado? ¿Hemos creído realmente que el amor era aquél y descubrimos hoy, pasada casi una vida que no lo fué?
Preguntate desde el lugar en que leas este blog y si podés dejá tu comentario, realmente me encantaría saber qué es lo que te pasa.
Igual fueron días bellos, con grandes aprendizajes donde debí poner en práctica (la paciencia), infrecuente en mí. El callar ante las cosas o actitudes que no me son gratas y me dejan un sabor amargo.
Volví fortalecida, alegre por haber sido útil a situaciones que me requerían. Con la profunda sensación del deber cumplido con mucho amor.
Igual confieso que extrañé sentarme a escribir éstas frases.
domingo, 15 de noviembre de 2009
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