Nosotros debemos reinventarnos todos los días. Este tiempo es difícil (no sólo porque se acerca la finalización de un nuevo año y el comienzo de otro), sino porque además nosotros mismos vamos cambiando a cada instante.
A veces esas mutaciones son imperceptibles, otras es como una revolución fuerte que nos mueve los cimientos.
Cambian las células, cambia nuestro cuerpo, cambia lo externo y cuensta aceptar el mirarse al espejo y ver que la imagen que nos devuelve, ya no es aquélla que quisieramos conservar por siempre.
El rostro cambia de a poco. Va perdiendo esa esplendorosidad de los 20 años. También las formas corpóreas son diferentes (aunque internamente creamos que todo sigue"igual").
Es mucho más profundo el cambio interior. Ese que es imperceptible a la vista de los que nos conocen u observan.
De pronto somos más analíticos, cuestionadores. Seleccionamos lo que vamos a expresar, a compartir, con quien lo haremos.
Nuestras fibras se sencibilizan más en algunas posturas y se endurecen en otras.
(Cuando jóvenes los filtros eran otros, menos contaminados).
Y de pronto le damos valor a casi todas las cosas. Sabemos que lo que expresamos con gran conviccion quedará en el ó los otros por siempre. Será nuestro sello.
La vida toma otra dimensión. Nuestra mente está abierta a recibir información, transformarla si fuese necesario y trasmitirla.
Seleccionamos más las compañías transitorias y valoramos inifinitamente a los amigos que hemos sabido conservar a la largo de la existencia.
Preferimos de pronto estar solos a reunirnos de gente porque sinó, nos morimos de soledad.
Estar por estar no es ya una nececidad de vida o muerte. Saber realmente lo que nuestro espíritu necesita es prioritario y es allí que nos damos cuenta que realmente hemos ido cambiando. Es decir maduramos o nos hicimos viejos "casi, casi sin darnos cuenta".
¡¡¡Felíz 2010!!!
domingo, 27 de diciembre de 2009
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