Alejandra Limas Forner

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Capital Federal, Buenos Aires, Argentina
Amo lo que hago y es desde hace años mi profesión.- Vivo en la Capital de los argentinos, aunque soy cordobesa y he transcurrido también muchos años en el interior de mi querido país.- Siempre vuelvo a mis lugares,a mis raíces (lo necesito).- Es un hábito reconocer los aromas de cada espacio que fui ocupando en mi vida.- Anduve muchos escenarios, conocí grandes personajes, trabajé con muchos profesionales de gran valía y reconocimiento.- Mi profesión me abrío las puertas de la vida.- A travéz de un micrófono y la palabra, pude ingresar a tántos e impensados lugares,conocer y comunicarme con oyentes maravillosos.- Expresar lo que mi espíritu sentía y lo que es mejor, transmitirlo.- Siento que la vida me hace felíz y me ha dado mucho.- Que el haber elegido esta maravillosa profesión de locutora y comunicadora, es el hallazgo más acertado de mis días.- Tengo tánto por contar, por decir, que intento a travéz de este sitio poder concretarlo.- Como dice el Gran Neruda, "amo las palabras".-Las necesito, las fagocito, me hago de ellas para dejarlas libres después y que así lleguen hasta donde la imaginación se acaba.-

domingo, 6 de diciembre de 2009

Este es mi homenaje, Angela María

Mañana Madre, hará un año más de tu partida. Sólo físicamente porque tu amor y recuerdo cada día se agiganta, acariciando el alma. Endulzando con sonrisas mis labios por los días que compartimos durante muchos años.
Me parece que la mejor manera de decirte cómo te quiero y cómo estás en mi, es con éste poema que es uno de los que más me gustan.

"Elegía a la muerte de las violetas"
Pedro Miguel Obligado

Como si se muriesen por el ruido
de estos tiempos absurdos, ya no queda
ni en las húmedas quintas, una sola violeta.

Su perfume que casi no es perfume,
sino reminiscencia,
se ha olvidado, lo mismo que las voces
de las personas muertas.
Flores que son miradas de las tardes,
caídas en la tierra;
cuyas corolas guardan todavía,
la obscuridad grande de las ojeras.
Vidas de tan intacta aristocracia,
que, por no sorprender con su belleza,
quisieron ser sombrías y pequeñas,
sin dejar de ser grandes, como el beso,
la sonrisa, la lágrima y la estrella.....

Hoy, en tanto que triunfran las campánulas,
el popular clavel, la rosa espléndida,
como novias románticas fallecen
cansadas de esperar a quien las deja.
Ya no hay quien las persiga en los barrancos,
y parece que nadie las quisiera:
sin duda, se escondieron demasiado
creyendo que bastaba su belleza;
Y se murieron sin vivir, lo mismo
que las cosas felices que se sueñan.
Pero un tiempo brotaban en el suelo
y él tenía algo azul, gracias a ellas........

Yo recuerdo que en casa, en el invierno,
siempre había en el centro de la mesa
de nuestro comedor, como un desquite
de la vulgaridad de la existencia,
de la sorda llovizna de las horas,
un silencioso ramo de violetas.
Y una dulzura espíritual, un íntimo
lirismo idealizaba nuestra cena;
y su tibio suspiro de ternura
nos afinaba el alma, como templan,
tan sólo por la gracia de su paso,
unos cuantos acordes, a una orquesta.

Y ellas, por un instante, conmovidas
bajo la luz eléctrica,
captaban la emoción de un sentimiento
y se caían sobre el agua fresca,
donde tal vez, soñando con un lago,
devolvían su alma a la belleza...........

Y ahora que ya no exiten y estoy sola,
sin flores en mi mesa,
me acuerdo del silencio que guardaban,
y querría aprender de su nobleza.

Y ahora que ya no existen
sino como unas vidas de leyenda,
como esos seres que en un álbum viejo,
sonríen con el aire de otra época
en toda casa de familia honrada,
en todo hogar donde la gente sueña,
cuando es de noche y es invierno y llueve,
en los momentos de emoción intensa
y el silencio es espiritual, se nota
que hay un vacío, porque faltan ellas.

Así querida madre, aún hoy hay un vació en nuestras mesas, porque la que falta eres Tú.

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