Cuando llegan estas fechas, nos comenzamos a sentir diferentes.
En el interior de nosotros se van operando cambios o surgiendo recuerdos, que por momentos nos ponen eufóricos y otras un tánto melancólicos.
Yo intento mantener la esperanza, no dejando que la nostalgia por lo que no tengo (seres queridos, pareja, trabajos que formaron parte de mi vida, etc.) me pongan triste.
Por eso miro hacia adelante y espero que de algún lugar surja el milagro.
En principio el sábado tuvimos la despedida del año con algunos compañeros de Radio Belgrano.
Fue muy lindo verlos otra vez (ya que por razones de salud he estado ausente mucho tiempo).
El beso del encuentro, el qué lindo estás, te noto algo diferente que te queda bien. Bromas que nos hacían sonreir por todo y por nada.
Los rostros de los pocos que éramos pero que fuimos convencidos de pasarlo bien y de querer reencontrarnos y despedir una año más de vida, de trabajo compartido.
En particular lo viví más intensamente, porque ninguno de los presentes sabía que para mí, era la última reunión como "compañera de trabajo", ya que pasaría a ser ex, desde el momento en que me acogiera a los beneficios jubilatorios que son inminentes.
Sí que tuvo "el sabor de despedida". Una sensación agridulce pero que indudablemente alguna vez iba a suceder.
Lo tomé como un tránsito más de todo lo que he vivido y con inmenso agradecimiento a Dios que me permitió llegar a esa instancia, sintiendome fuerte, esperanzada y bien.
Una vez más "Gracias a la vida"
domingo, 20 de diciembre de 2009
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