Cuesta vivir. Concertar con amigos, con la familia. A medida que el tiempo transcurre (como es lógico) vamos cambiando.
Hasta hoy me he resistido a creer que los sentimientos más profundos, esos lazos de familia que se gestaron en la panza de mi madre, se iban a romper, muy por el contrario sentía que ante la ausencia de ella se acrecentaría, nos haría más unidos y fuertes para enfrentar los imprevistos que la vida ofrece.
Creía que ese "cordón rojo" (al decir de algunos sabios que une a los seres humanos más allá de lo que conocemos) no se iba a cortar. Me equivoqué y digo hoy ME RINDO, NO ESPERO MÁS, ES LO QUE HAY.
La realidad es apubullante y daña el alma. Aunque con lágrimas te preguntes por qué. Cuánto no nos conocimos, cuánto nos equivocamos, cuánto me equivoqué.
Por más que trabaje en terapia estos sentimientos, no puedo despojarme de ellos. Quisiera arrancarlos (porque modificarlos no puedo) tendría que volver a nacer.
Cuando lo comento con amigos, compañeros ú otra gente dicen: Entendé "todo cambia" no es que no te demuestren el cariño, quizá no saben hacerlo pero te quieren.
Digo NOOOOO. Cuando uno quiere y siente es necesario decirlo, expresarlo, gritarlo. Sinó las palabras se mueren, los sentimientos se errumbran, no se ven ni se exteriorizan, se secan.
La vida es hoy. De qué sierve que alguna vez, cuando uno sólo sea recuerdo, digan cómo la quise.
Era tal o cual cosa. Fue alegre, reclamó afecto siempre (algunas veces me molestó por ello) me resultó pesada. Hoy digo cuánto la quise.
Y las palabras se murieron como se muere la gente. Sin entererse a veces qué significamos para el otro.
Necesitamos todo. El abrazo, el beso, la caricia, la palabra. Todo nuestro cuerpo es un receptor maravilloso que se alegra y vibra con esas expresiones.
Sin darnos cuenta vamos perdiendo lo más bello que tenemos, la expontaneidad. En este mundo que se va quedando sin valores, que se calcula hasta cuando se dá. Cuánto se dice, si es o nó conveniente. Le ponemos centímetros a las palabras, a los silencios.
Quizá esta tarde jóven de domingo, extraña, calurosa, con lluvia fuerte, con cielo oscuro y muy encapótado (como solía decir mi abuelo Juan en el campo), me hicieron reveer y profundizar esta herida del alma que llevo desde hace muchos años.
Alomejor alguna vez pueda sanarse. Deje de doler. Juro que no quiero que sea porque me volví "piedra".
Quiero seguir siendo campo verde, corola abierta, tierra fértil.
Poema esperanzador, palabras que arrullen, luna llena y cielo azul.
domingo, 10 de enero de 2010
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